Thabata, el grupo que quedó fuera de la historia del rock argentino

a música popular está plagada de epopeyas. El ascenso, caída y resurrección de Thabata es una de ellas. El conjunto, nacido en el partido de La Matanza, ofrendaba una sonoridad valvular, sucia y desprolija. La propuesta cautivó a un público surgido de las barriadas proletarias del conurbano bonaerense. Sin embargo, tiempo después de la edición de su primer elepé, el grupo sufrió una proscripción mediática que lo condenó al olvido.

Al menos hasta ahora: Viajero Inmóvil Records, en una tarea cuasi arqueológica, recobró aquel disco. El sello lo lanzó, por primera vez desde su aparición, en formato CD y en plataformas digitales. Una reparación histórica que motivó a Carlos Romero a romper un silencio de décadas. El bajista y líder del grupo, por pedido de Página/12, viajó a través del tiempo para revivir una gesta desterrada de la historia oficial del rock argentino.

A comienzos de 1971, Romero armó una agrupación. La banda ensayaba los fines de semana en las instalaciones del club Defensores de Cervantes. Fue en aquella institución, del barrio de Villa del Parque, donde se sumó el guitarrista Luis Schirman. Meses después, y luego de una serie de cambios en la alineación, el conjunto quedó completado por Juan Carlos Duarte en voz, Franco Rocca en segunda guitarra y Juan Carlos Scagni en batería.

El quinteto empezó a gestar un repertorio que incluía temas de The Beatles (“Yesterday”), de Creedence Clearwater Revival (“Green River”), de Los Gatos (“Rock de la mujer perdida”), de Arco Iris (“Mañana campestre”) y hasta de los pasatistas Séptima Brigada. A mediados de marzo de 1972 debutó en vivo en el marco de una celebración nupcial. A dicha actuación le siguieron otras en clubes sociales de Ramos Mejía, Lomas del Mirador y Banfield. Los conciertos eran cerrados con lo que por entonces era una novedad: “Imagine” de John Lennon. “La hacíamos con una letra adaptada al castellano, pero que respetaba el mensaje de la canción”, aclara el bajista. “Al público le fascinaba. De hecho la cantaba con nosotros”, certifica.

Entre relecturas de obras ajenas, el quinteto comenzó a mostrar creaciones propias. La mayoría habían sido alumbradas por la dupla Schirman – Rocca. “Luis, que era un excelente guitarrista, se encargaba de los arreglos de los temas. Ocupaba el lugar de director musical del grupo”, relata el bajista. Entre aquellas canciones se destacaban “Y quizás mañana”, “Mujer de madera”, “Cuando tú me atrapas” y “Madre naturaleza”. Las dos últimas fueron plasmadas en un acetato. “Lo grabamos para hacérselo escuchar a los dueños de los lugares donde aspirábamos a tocar”, señala Romero.

Al tiempo llegó una gran oportunidad para medir la efectividad de esas composiciones. Radio del Plata, a través del programa Los Principales, organizó un concurso para conjuntos emergentes. El ganador registraría un elepé en la compañía Odeón. Las bandas que ocuparan el segundo y tercer puesto grabarían sus respectivas placas en el sello Fono. “Interpretamos una de nuestras piezas, en los estudios de la emisora, y quedamos seleccionados”, cuenta Romero. La agrupación –ya bautizada por Schirman como Thabata– superó a más de un centenar de rivales y llegó a la final del certamen.

El 4 de agosto de 1972, en el Salón “San Martín” del Club San Lorenzo de Almagro, las bandas finalistas midieron sus fuerzas. Thabata compitió contra Éxtasis, Destino, Contramano, Grupo Sagaz, Hola Che, Anestesia, Diócesis y Kogotte. Esta última, según el bajista, con una impronta cercana a la de King Crimson. El conjunto salió a escena con un nuevo vocalista llamado Fernando y dos coristas que reemplazaron a Duarte, quien se había desvinculado del proyecto quince días antes de la trascendental jornada. “Pasamos de una voz con reminiscencias beatles a otra ronca, casi agria, pero muy efectiva”, describe Romero.

Por sugerencia de Rocca, el combo arremetió con una poderosa relectura de “Aquarius / Let the Sunshine In (The Flesh Failures)”. La canción, perteneciente al musical Hair, había sido un éxito en versión de The 5th Dimension. “Con ese tema arrasamos”, atestigua. El jurado integrado por personajes variopintos como el promotor Ben Molar, el periodista Julio Bortnik y el cantante Enrique “Quique” Villanueva. consagró como ganador al quinteto.

Después de la victoria, Thabata firmó contrato con la productora asociada al concurso. En el documento, la empresa –dirigida por Roberto Del Villar y Emilio Roca, de gran peso en diversos medios de comunicación de la época– le garantizaba al conjuntola grabación del disco y la concreción una serie de recitales mensuales. Los músicos, más allá de las condiciones citadas en las cláusulas, debieron cumplir una disposición impuesta por los productores de manera categórica. “Nuestras novias tenían que permanecer en segundo plano porque, para preservar al público femenino, era esencial mostrarnos solteros”, confiesa entre risas Romero.

El primer concierto de la nueva etapa ocurrió en el marco de la Fiesta de la Primavera en el Parque Pereyra Iraola. Tras algunas presentaciones, Fernando fue desvinculado por el regreso –aunque breve– de Duarte. Luego, alegando desavenencias artísticas, Schirman abandonó al grupo. Entonces, entraron el guitarrista César Coronel y el cantante Guido Ibáñez. Ambos –el primero devoto de Pappo y el segundo con particular destreza en la ejecución del saxo– le otorgaron al combo una sonoridad distintiva dentro del ambiente rockero.

Thabata El grupo en una sesión de fotos en Parque Lezama. (Archivo -)

A principios de 1973, la formación desembarcó en los estudios TNT para plasmar siete canciones. Las piezas, con riffs punzantes e impronta valvular, eran retoños del catálogo concebido por Pappo’s Blues y La Pesada del Rock and Roll. La profundización de esa línea estilística, vinculada al hard rock, generó discordia. Los productores, contrariados, conminaron al grupo a “suavizar” su repertorio para hacerlo más “comercial”. Por su parte Rocca, descontento con la nueva dirección musical, se desvinculó del conjunto antes de finalizar la grabación. La banda decidió no reemplazarlo y quedó establecida como cuarteto.

Fueron Del Villar y Roca, luego de escuchar el trabajo terminado, quienes estipularon el orden de las temas del disco y eligieron su corte de difusión. Además, de forma solapada, registraron la autoría de las obras a su nombre. Los músicos, tiempo atrás, habían tomado el recaudo de hacer lo mismo. Por eso, para salirse con la suya, los mandamases alteraron los títulos de las composiciones. Así, por ejemplo, “Rodeando mi casa” pasó a ser “Alguien está rodeando mi casa” y “Divagante introvertido” se transformó en “Siempre será un divagante introvertido”.

A mediados de ese año, el debut de Thabata llegó a las bateas de las disquerías. La placa lanzada por el sello Fono –y no por Odeón como se había prometido– llevaba un título que definía, de manera indubitable, su contenido: Rock!… Rock!… Rock!! La portada mostraba a una criatura alada con rostro de calavera y pies de reptil. El alienígena –dibujado por Coronel– sujetaba, en su mano derecha, a un bebé. La ilustración, tan llamativa como perturbadora, reemplazó a la imagen originalmente ideada para la carátula: una fotografía del cuarteto posando en el tradicional Parque Lezama.

El fuego se abría con una pieza de espíritu folk y lírica redentora, llamada “¿Existe un hombre en libertad?”. Seguía la irresistible “Alguien está rodeando mi casa” donde el grupo mostraba toda su solidez. El lado A concluía con el pegadizo “Una simple transición astral” donde se cruzaban el “Going up the country”, de Canned Heat, con “El tren de las 16” de Pappo’s Blues. La cara B comenzaba con “Seguirás siendo un abstenido”. Un lacerante riff ejecutado por la guitarra y el saxo construía una entrega que no hubiera desentonado en los conciertos de La Pesada. Continuaba la existencialista “Una cuestión de larga rutina” y la monolítica “Siempre será un divagante introvertido”. El elepé cerraba con “Trataré de seguir alcanzando tu piel”. Un rock and roll, gestado en el estudio, preciso y encantador.

Thabata (Archivo -)

Después del lanzamiento del disco, Scagni fue suplantado por Carlos Mozer. El remozado cuarteto inició una serie de presentaciones por clubes de Almirante Brown, Santos Lugares, José Ingenieros, Lomas del Mirador, La Tablada, Gregorio de Laferrere y San Justo. La productora le birló el dinero generado en concepto de derechos de autor y venta de placas. En contrapartida, rebalsó de compromisos su agenda de conciertos.

“Nosotros solo queríamos tocar. Por eso, más allá de ciertos manejos turbios, decidimos renovar el acuerdo contractual con la empresa”, explica Romero. Para realizar dicho trámite, los músicos fueron citados en la casa de Del Villar, en el barrio de Saavedra. Allí se produjo un incómodo episodio –que el bajista prefiere no revelar,aunque todo indica que nada tuvo que ver con cuestiones artísticas– que puso fin a la relación entre las partes. La ruptura del vínculo precipitó la separación del grupo.

Tras un tiempo de inactividad, Romero convocó a otros colegas y volvió al ruedo. Fueron de la partida Eleuterio Dalton en segunda guitarra y voz, José Kremer en primera guitarra, Hugo Barzena en teclados y José Nante en batería. El grupo desplegaba por entonces una propuesta relacionada con el rock progresivo: la inspiración ya no provenía de los temas de Pappo’s Blues sino de los de El Reloj. El 16 de febrero de 1975, otra vez en los legendartios TNT de la calle Moreno, el quinteto registró dos piezas. La portentosa “Hombre que vi” y la trepidante “Rey del sol”. Un agradable par que jamás sería lanzado.

Mientras tanto, los cambios continuaron. Dalton y Nante fueron suplantados, respectivamente, por Gerardo Leiva y Carlos Mozer quien retornaba al conjunto. A lo largo de ese año, la flamante alineación se embarcó en una serie de presentaciones por escenarios de Lanús y zonas aledañas. El circuito laboral, sin embargo, no era el de antaño. “Los ex productores, por negarnos a renovar el contrato, cancelaron nuestra difusión radial e intimaron a los dueños de los clubes para que no nos contrataran. Fuimos víctimas de una proscripción”, resume el compositor. A fines de diciembre, el bajista contrajo matrimonio y se retiró de la música. Thabata concluyó su travesía y se encaminó hacia el olvido.

En la copiosa bibliografía sobre rock vernáculo, Thabata brilla por su ausencia. Aquellas piezas ardientes y furibundas quedaron en la memoria de unos pocos. La hora de enmendar dicha omisión ha llegado. El sello Viajero Inmóvil lanzó por primera vez en CD y en plataformas digitales el elepé del grupo. La edición restaura los títulos originales de las canciones y restablece el orden concebido por los músicos. El rescate fue posible gracias a la remasterización de una placa -en perfecto estado- que un allegado a la banda conservó durante más de medio siglo. El trabajo recobra esos dos últimos temas grabados pero nunca publicados. El disco compacto, además, incluye una serie de fotografías inéditas del combo.

En los próximos meses, la compañía europea PQR-Disques Plusqueréel publicará el álbum en formato vinilo. Una de las reliquias más codiciadas -y cotizadas, basta revisar las páginas del rubro en Facebook y la web– por los coleccionistas dejará de ser disfrutada por una selecta minoría. “Nunca entendí por qué, habiendo tocado en tantos lugares y ante un público numeroso, fuimos omitidos de la historia del rock argentino”, reflexiona Romero. “La recuperación de nuestra obra es un reconocimiento al camino recorrido”, dice, y el orgullo que suena en su voz está justificado.

Fuente: Página 12