Música

Banquete histórico de La Renga en el Parque de la Ciudad

La noche del 2 de abril en el Parque de la Ciudad quedó marcada por una nueva descarga de rock de La Renga, que volvió a demostrar por qué mantiene una de las convocatorias más fieles y masivas del país. Con un setlist extenso de 31 canciones, el trío ofreció un recorrido potente por todas sus etapas, combinando clásicos infaltables con temas más recientes.

Desde temprano, el predio se fue colmando de público que llegó desde distintos puntos del país. Banderas, bengalas y remeras con la icónica estética de la banda le dieron marco a una ceremonia que, más que un recital, se vive como un ritual colectivo.

El arranque fue directo y sin rodeos con “Buena Ruta hermano” y “Buena Pipa”, marcando el pulso de una noche que no daría respiro. Temas como “Tripa y corazón” y “A la carga mi rocanrol” encendieron los primeros pogos, mientras que “A tu lado” y “Hay un tirano que es para vos” sostuvieron la intensidad en un comienzo arrollador.

Uno de los momentos destacados llegó con “Desnudo para siempre (o despedazado por mil partes)” y “Motoralmaisangre”, donde el público acompañó cada palabra, generando una comunión total con la banda. Más adelante, “En el baldío”, “Poder” y “La vida, las mismas calles” reafirmaron el costado más crudo y contestatario del grupo.

El show también tuvo espacio para la emoción con “Lo frágil de la locura” y “Triste canción de amor”, con el Tri de invitados, que bajaron momentáneamente la intensidad para dar lugar a un clima más introspectivo. Sin embargo, la energía volvió a explotar con “El twist del pibe” y “La banquina de algún lado”, dos clásicos celebrados con euforia.

En el tramo final, la banda encadenó una seguidilla demoledora: “El Rito De Los Corazones Sangrando”, “El juicio del ganso”, “El viento que todo empuja” y “Oscuro diamante”, antes de cerrar el bloque principal con “La razón que te demora”. Tras una breve pausa, regresaron para los bises con “Rebelde” y “Panic Show”, que desataron uno de los momentos más intensos de la noche.

El cierre llegó con “El final es en donde partí” y “Hablando de la libertad”, himno absoluto que fue coreado por todo el predio, dejando una postal inolvidable: miles de voces unidas en una misma canción.

Con más de dos horas y media de show, La Renga volvió a ratificar su vigencia y su conexión única con el público. En tiempos donde la industria musical cambia constantemente, la banda se mantiene fiel a su esencia: independencia, potencia y una mística que transforma cada recital en una experiencia inolvidable.

Y si algo dejó en claro esta noche es que lo de La Renga trasciende lo musical: es un grito colectivo que resiste, que incomoda y que no se negocia. En un contexto donde sobran discursos vacíos, el rock vuelve a plantarse como territorio de identidad y lucha, recordando que la calle, la cultura y la libertad no se entregan. Porque mientras haya una multitud dispuesta a cantar verdades a los gritos, siempre habrá fuego encendido.