Pity Álvarez volvió a Rosario y dio un show inolvidable
Después de casi diez años de ausencia en la ciudad, Cristian “Pity” Álvarez regresó a Rosario y convirtió al Autódromo Municipal en una verdadera celebración del rock barrial. El sábado 9 de mayo, ante unas 25 mil personas, el ex líder de Viejas Locas e Intoxicados ofreció un show extenso, caótico por momentos y profundamente emotivo, en una noche que tuvo más de rito popular que de simple recital.
La expectativa alrededor del regreso era enorme. Desde que se confirmó el recital semanas atrás, Rosario comenzó a vivir el show como un acontecimiento histórico. El regreso del Pity a los escenarios viene cargado de una mezcla de fascinación, incertidumbre y nostalgia que sólo generan ciertos artistas capaces de transformarse en símbolos culturales.
Poco después de las 20 horas, y tras la apertura de la banda rosarina Farolitos, el músico apareció en escena para desatar la euforia inmediata del público. El concierto arrancó con “Me Gustas Mucho” y desde ahí se transformó en un recorrido furioso por clásicos de Viejas Locas e Intoxicados. “Fuego”, “Homero”, “Reggae para los Amigos”, “Señor Kiosquero”, “Casi sin Pensar” y “Nunca Quise” fueron algunos de los himnos que hicieron explotar al predio durante casi tres horas de show.
Lejos de un recital técnicamente perfecto, lo de Pity funcionó desde otro lugar: la conexión emocional. Su voz áspera, las improvisaciones constantes y cierta fragilidad escénica convivieron con momentos de enorme potencia rockera. Cada frase desordenada y cada pausa imprevisible parecían alimentar todavía más el clima de comunión entre el cantante y sus seguidores.
El público acompañó cada canción como si se tratara de una ceremonia colectiva. Hubo bengalas imaginarias, pogos interminables y un coro permanente que sostuvo gran parte del recital. En tiempos donde muchos shows están atravesados por la perfección técnica y las puestas milimétricas, el regreso del Pity se sintió peligrosamente humano, impredecible y real.
La vuelta del músico también estuvo atravesada por todo el peso simbólico de su historia reciente. Tras años marcados por problemas judiciales y de salud mental, cada presentación pública parece debatirse entre el mito del sobreviviente y la fragilidad de una figura que continúa generando devoción popular.
Sin embargo, arriba del escenario, por momentos, todo eso desapareció. Quedaron solamente las canciones. Esas composiciones callejeras, sensibles y rotas que marcaron a una generación entera y que todavía hoy encuentran eco en miles de personas.
El cierre llegó con “Una Piba Como Vos” y una multitud completamente entregada. Rosario no sólo recibió nuevamente a Pity Álvarez: lo abrazó como a uno de los últimos héroes salvajes del rock argentino.

