Andrés Calamaro convirtió a Córdoba en un gran cancionero popular
Andrés Calamaro volvió a encontrarse con el público cordobés en Plaza de la Música, en el marco de su gira “Como Cantor”, y ofreció un show atravesado por la nostalgia, la elegancia rockera y un repertorio que ya forma parte de la historia grande de la música argentina.
Con una sala colmada y una audiencia dispuesta a cantar cada estrofa de principio a fin, el “Salmón” apareció en escena poco después de las 21 horas acompañado por una banda sólida y precisa, que sostuvo durante más de dos horas un concierto intenso y emocional. El recital formó parte del tramo nacional de una gira que viene agotando funciones en distintas ciudades del país.
Desde los primeros acordes quedó claro que la noche estaría dominada por los clásicos. Temas como “Crímenes Perfectos”, “Loco”, “Te Quiero Igual” y “Cuando Te Conocí” despertaron una respuesta inmediata del público, que convirtió cada canción en un karaoke multitudinario. La conexión entre Calamaro y Córdoba volvió a sentirse natural, casi ritual, como sucede cada vez que el músico pisa una plaza históricamente ligada al rock nacional.
La propuesta estética de “Como Cantor” evita los excesos visuales y pone el foco en las canciones. Sin pantallas invasivas ni artificios innecesarios, el show descansó sobre la potencia de un repertorio inoxidable y la presencia escénica de un artista que conoce perfectamente el oficio de sostener un recital desde la interpretación y el carisma.
Hubo también espacio para momentos más introspectivos, donde Calamaro bajó la intensidad para apoyarse en climas más melancólicos y bluseros. Entre luces tenues y arreglos sobrios, la banda acompañó cada cambio de ánimo con precisión quirúrgica, permitiendo que las canciones respiraran y encontraran nuevos matices en vivo.
La gira toma su nombre de una frase vinculada al universo del Martín Fierro y propone justamente eso: el canto como territorio común, como encuentro colectivo. En Córdoba, esa idea se volvió tangible. Cada clásico funcionó como una postal generacional y cada coro masivo confirmó la vigencia de un artista que, lejos de apoyarse únicamente en la nostalgia, sigue defendiendo su obra arriba del escenario con convicción y personalidad.
El cierre llegó entre ovaciones y celulares en alto, con un público que se resistía a abandonar la noche. Porque más allá del listado de canciones o la impecable ejecución musical, el show de Calamaro volvió a demostrar algo esencial: algunas obras sobreviven al paso del tiempo porque logran convertirse en parte de la vida de la gente.
Y en Córdoba, una vez más, esas canciones encontraron su lugar.

