La Renga en estado puro: El Parque de la Ciudad vibró al ritmo de Los Mismos de Siempre
Los días 2 y 4 de abril quedarán marcados a fuego en la memoria del rock argentino. La Renga volvió a desplegar toda su potencia en el Parque de la Ciudad con dos noches que no fueron simples recitales: fueron, como dicta su liturgia, dos verdaderos banquetes en el corazón de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Desde temprano, en ambos días, las inmediaciones del predio se transformaron en un ritual colectivo. Banderas, remeras, bombos y caravanas marcaron la llegada de “Los Mismos de Siempre”, esa comunidad fiel que trasciende generaciones y geografías. No son solo fans: son parte del ADN de la banda, una marea humana que convierte cada show en una ceremonia donde la música es excusa y el encuentro es destino.
Ambas fechas mostraron a La Renga en estado puro: cruda, visceral, sin concesiones. El trío de Mataderos no necesitó artificios para sostener más de dos horas de intensidad. Cada riff de Chizzo, cada golpe de batería de Tanque y cada línea de bajo de Tete fueron recibidos como verdades absolutas por una multitud que cantó todo, desde los clásicos más inoxidables hasta las composiciones más recientes.

Pero si algo distingue a La Renga no es solo su poder musical, sino su compromiso. En tiempos de incertidumbre social y tensiones políticas, la banda volvió a dejar en claro su postura: independiente, crítica y profundamente conectada con la realidad. Sin discursos grandilocuentes, pero con mensajes claros, las pantallas, las letras y las intervenciones entre tema y tema reflejaron una mirada que incomoda y moviliza. La Renga no baja línea: propone, interpela, sacude.
Ese espíritu revolucionario, el mismo que los vio nacer en los márgenes y crecer sin la industria musical de su lado, sigue intacto. En cada acorde hay una declaración de principios, en cada show una reafirmación de su camino autogestivo, lejos de modas y estructuras impuestas. Y es justamente eso lo que “Los Mismos de Siempre” celebran: la coherencia, la resistencia, la identidad.

El Parque de la Ciudad fue testigo de dos noches donde el tiempo pareció detenerse. Donde miles de almas se fundieron en una sola voz. Donde el rock volvió a ser trinchera, abrazo y bandera.
Y cuando las luces se apagaron y el último acorde de “Hablando de la libertada” se disipó en el aire, quedó la certeza de que no fue un final, sino otro capítulo de una historia que se sigue escribiendo en la calle, en la ruta, en cada rincón donde haya alguien dispuesto a gritar que el fuego sigue vivo.
Porque si algo dejaron estos dos banquetes en la Ciudad de Buenos Aires, es una verdad imposible de ignorar: La Renga no es solo una banda. Es un movimiento. Y mientras existan “Los Mismos de Siempre”, el banquete será eterno.


